Avalado por la Asociación Española contra la Ansiedad, Pánico y Agorafobia AECAPA "Buscando la Paz Interior"

viernes, 10 de enero de 2014

EL AUTO-SABOTAJE


¿Te ha pasado que después de trabajar duro en gestionar la ansiedad y los miedos, cuándo parece que todo va de maravilla y empezamos a sentir nuevamente seguridad y confianza de repente parece que damos un paso atrás?, o que cúando estamos mejor, disfrutando de un maravilloso día aparece el recuerdo o el pensamiento de que todo puede volver a fastidiarse en cualquier momento?
Esto que te ocurre es completamente normal, y se llama auto-sabotaje.
Cuándo somos niños, nuestro ser esencial maravilloso cuenta con cualidades innantas como la bondad, la inocencia, el optimismo , la confianza, el egocentrismo (si mamá se enfada es porque yo soy malo) , las ideas mágicas ( idealización, ejm: mamá puede salvarme de todo), y la dependencia, entre otros…
A medida que vamos creciendo vamos adquieriendo nuevas capacidades y si no contamos con adultos que nos enseñen  a utilizarlas adecuadamente, empiezan a crear distorsiones que contaminan y auto-sabotean al adulto.
Es decir el niño acaba por crear, con sus limitadas capacidades, sus propios recursos para satisfacer sus necesidades básicas, de protección, confianza, seguridad, amor, aceptación, atención etc…
Por ejemplo, si el niño no cuenta con unos padres que le transmitan seguridad y confianza, para satisfacer dicha necesidad, va a buscar un recurso, a través del control…Por ejemplo un tic, cada vez que guiñe un ojo, siente que controla, y se siente seguro, a los dos minutos vuelve  a sentir desprotección y vuelve a guiñar para sentir seguridad…o apagar 5 veces la luz del cuarto, o comprobarse que no tiene un bulto en el cuello….cualquier medida creada por el niño, para satisfacer esa necesidad de control en busca de seguridad.
Otro ejemplo, si el niño no recibe la atención que necesita, puede utilizar su sentimiento de bondad y empatía para manipular a las demás personas, con la intención de recibir la atención que necesita, entonces empezará a dar pena,  y a victimizarse.
Otra característica típica del niño es “razonamiento emocional”, los niños son ilógicos, no tienen desarrollada la parte adulta , la parte izquierda del cerebro que aporta esta cualidad. Si no contamos con adultos que nos enseñen a discernir entre pensamiento y sentimiento, a medida que se va desarrollando la parte izquierda del cerebro, estas dos partes no interrelacionan entre sí, usamos de manera aislada el pensamiento y la emoción.
Entonces se producen distorsiones como el alarmismo y el catrastofismo, ante una idea c como ¿Y si me muero de un cáncer?, o ¿y si al salir a la calle pierdo el control?,¿Y si me vuelvo loca?,  yo me asusto, (son ideas horribles claro está), es decir no tengo desarrollada la capacidad en ese momento de utilizar la lógica para entender que sólo se trata de un pensamiento y me involucro emocionalmente dentro del pensamiento, no se distinguir adecuadamente entre el pensamiento y la emoción, no  integro los dos hemisferios cerebrales para encontrar el equilibrio.
El modo a la inversa sería cuando entro en catarsis emocional, dentro de un ataque de pánico por ejemplo, a partir de una emoción o sensación, no utilizo la lógica para darle una interpretación correcta, y me dejo arrastrar por la emoción…
El adulto puede aprender a engancharse al pensamiento para no conectar con el sentimiento de miedo a modo de control, es decir puede seguir utilizando los recursos del niño sin atender a sus nuevas capacidades, y esto le lleva a alimentar la ansiedad de una manera adictiva.
Las distorsiones de nuestro niño herido , como veis , pueden convertirse en nuestro principal SABOTEADOR, en nuestra primera causa de infelicidad y desequilibrio.
A través de los estudios en neuro-ciencias, podemos saber ya muchas cosas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, y tenemos la oportunidad, de reeducarnos a nosotros mismos.
Nunca es tarde para desarrollar nuestras capaciadades adultas, (lógicas, analíticas, racionales) y utilizarlas adecuadamente para poder ofrecer a nuestro niño interior, todo lo que necesitó en su momento y no pudo obtenerlo.
No se trata nunca de culpar a los padres, todos hacemos lo mejor que podemos, con las capacidades e información que tenemos en cada momento. Y ahora es una buena oportunidad para aprender a darnos y así poder dar, lo mejor de nosotros mismos.

Vanesa Rodriguez de Trujillo

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